TELL NORTE JULIO 2019
32 tell. cl ARCHIVO histórico Hernán Cortés Olivares. Académico e historiador Universidad de La Serena En el siglo XX, Chile instala un sistema educacional gratuito, bajo control del Estado y dependiendo del gobierno de turno los cambios o reformas a la educación universitaria, media y primaria obligatoria. El paso del siglo decimonónico al siglo del progreso infinito es traumático y saturado por la violencia fratricida de las sociedades de Europa y América Latina. A fines del siglo XIX, nuestro país sufre esta confrontación entre una coalición de liberales, radicales y socialdemócratas contra conservadores y nacionales. Los primeros imbuidos de principios laicos y promotores de una sociedad con un Estado que propicie el buen gobierno para erradicar la pobreza e instalar un sistema de salud pública para combatir las enfermedades endémicas. Un problema insoluble es la desnutrición de niños y ancianos cuyamortalidad es similar a la de India, unida al consumo de alcohol, cuya producción alcanza los 240 millones de litros. Esta realidad es interpretada como la permanencia de una visión de sociedad basada en la ignorancia, los prejuicios y la práctica de creencias religiosas que son un obstáculo para innovar y establecer un gobierno donde el Estado sea el principal gestor de los cambios estructurales que se necesitan para alcanzar el Progreso, nuevo tótem de la época. Se trata de crear un Estado cuyo gobierno, elegido por votación popular, tenga la potestad soberana de aplicar políticas encaminadas a resolver los problemas que impiden mejorar la existencia. El gobierno y la educación deben ser el motor del cambio. Quien sintetiza y encarna por primera vez la visión de un Estado empresario es el liberal José Manuel Balmaceda, quien se hace cargo de la utopía de la educación como artífice de los cambios, sin embargo su sueño y el de sus seguidores termina con la guerra civil de 1891. El interregno se llama parlamentarismo que perdura hasta 1925, cuando triunfa la idea de un gobierno presidencial encarnado en la Constitución. Con ella nace el control del Estado empresario, impulsado esta vez por los caudillos de la clase media: el hijo de inmigrantes italianos Arturo Alesandri Palma. Y si Alessandri es el ideólogo, su ejecutor es un militar, Carlos Ibáñez del Campo, que para domeñar la resistencia de los parlamentaristas, deberá instalar una dictadura que le permite concretar los cambios estructurales que necesitaba el país. Chile, en vez de sufrir los devastadores efectos de una revolución, como la rusa o la mexicana, opta por un reforma estructural profunda, ingresando el país a la Era de la Modernidad. La clase media se aglutina en torno al sistema de competencia político partidista, militantes liberales, radicales, socialistas, comunistas, nacionales, conservadores, falangistas, luego demócratas cristianos, se disputaran, mediante elecciones y promesas, el poder del Estado. En el siglo XIX, los gobernantes confiaron en la utopía de la educación, pero su debilidad estuvo en privilegiar los intereses privados por sobre el bien común de la sociedad. En el siglo XX, Chile instala un sistema educacional gratuito, bajo control del Estado y dependiendo del gobierno de turno los cambios o reformas a la educación universitaria, media y primaria obligatoria. La educación primaria será obligatoria y gratuita, Carabineros deberá velar porque los alumnos asistan e ir a las casas a buscarlos; es la implantación del Estado Docente, antigua propuestadeValentínLetelier.Duranteelgobierno democristiano de Eduardo Frei Montalva se elimina esta práctica y se establece la promoción automática y la educación básica universal incluyendo los jardines infantiles y el control de la natalidad. Durante cuarenta años, la revolución reformista de 1925 entra en una profunda crisis de carácter económico, político y social de Chile. La formación del hombre nuevo, utopía educacional del siglo XX
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