TELL NORTE ENERO 2019
36 tell. cl S omos un país con más de seis mil kilómetros de costa, donde se practican infinidad de deportes acuáticos. Si se suman los tresmil setecientos kilómetros de río, los casi siete mil kilómetros cuadra- dos de lagos y las más de cincuenta mil piscinas, los espacios donde los chilenos interactuamos con el agua nos hace parecer casi lógico que de- bemos poner más atención a todas las aristas que nos ofrece. Porque aunque al pensar en olas o chapuzones solo imaginemos diversión, uno de los temas más importantes es la prevención de accidentes. “La cultura acuática es un tema que debería tomar peso en Chile”, explica Gonzalo Lazo, fundador de Waterman Chile. Su organización cimenta estas afirmaciones con cifras: durante un año en Chile mueren 270 personas por accidentes derivados del consumo de alcohol. Por ahogamiento son 344. “Es un número que pasa casi desapercibido, a pesar de su importancia”, dice el experto. Lo más abrumador es que el noventa por ciento de las muertes por ahogamiento se producen en lugares no habilitados y en el 87% de los casos siempre hubo un amigo o familiar que podría haber prevenido o haber rescatado y entregado primeros auxilios. Esos porcentajes son los que Gonzalo quiere cam- biar desde su liderazgo en Waterman Chile. Este ingeniero, diplomado en Project Management de la PUC y magíster en Innovación sabe que lleva un mensaje que puede salvar vidas e, incluso, cam- biar la historia de un país. Hace pocas semanas, comenta emocio- nado, le notificaron que fue seleccionado en el Festival Internacio- nal de Innovación Social fiiS, donde presentará la organización y sus nuevos proyectos. ¿Cómo se convirtió este tema del rescate en tu proyecto de vida? Trabajé por muchos años como salvavidas. Siempre me gustó y sa- bía que era un trabajo importante. Tuve muchos rescates, pero uno me marcó profundamente. En 2001, salvamos la vida a un adulto y un niño (tío y sobrino de doce años) que estaban en los requeríos de los acantilados de Pla- ya Ancha en Valparaíso; fue un rescate de noche, se veía muy poco porque solo teníamos el foco del bote. Cuando llegamos al lugar me di cuenta de que la única forma de sal- varlos era llegar a las rocas donde estaban. Fuimos dos personas nadando y les llevamos chalecos. En la roca reventaba un fuerte oleaje y esperamos el set más bajo. Cuando estábamos llegando, sentí que nos chupaba la ola que se estaba formando, tenía cero visibilidad, solo sentía. Finalmente esa ola no rompió y suavemente nos elevó dentro del mar hasta quedar a la misma altura de las dos víctimas, a las cuales les pasamos los chalecos salvavidas, fue mágico. Volvimos al bote con los dos vivos. El tío llorabamuy angus- tiado y cuando hicimos contacto visual, hizo un gesto con su mano en señal de gracias. Nunca más lo vi. Es lejos el rescate donde más me he expuesto en pos de salvar otras vidas. WATERWO/MAN Aunque toda su vida supo de lo importante que es el autocuidado a la hora de interactuar con ambientes acuáticos, fue a partir de las experiencias en el extranjero que en Gonzalo surgió la inquietud de poner más énfasis en la prevención. “Desde el 2010 empecé a ver lo que se estaba haciendo en otros países. Australia e Inglaterra fueron mis ejemplos y durante 2016, en un viaje a Hawái, conocí el
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