TELL CONCEPCIÓN DICIEMBRE 2018

43 tell. cl ¿Cómo es vivir en una comunidad religiosa? ¿Cuánto dura la transición entre una vida secular y una de silencio y oración? ¿Pesa la soledad? ¿Existe apoyo sicológico? ¿Se puede vivir de la fe? Esta es la historia de Constanza y su paso por un convento. Tres años que quedaron plasmados en quince cuadernillos que atesora con el corazón y que hoy agradece profundamente. “La madurez que adquirí después de todo este tiempo fue increíble. La valoración de la vida es impactante. Haber estado tres años separada de mi familia, de mis amigos y de quienes uno más quiere, te hace valorar realmente lo que tienes”. Por Macarena Ríos R. Fotografía Teresa Lamas G. “ Mis papás se separaron cuando yo tenía cinco años y nos fuimos a vivir a la casa de mis abuelos maternos, quienes me regalaron la fe y eso paramí fuemaravilloso, marcó un antes y un después en mi vida. Me acuerdo que los acompañaba a misa y mi abuela me daba un cuaderno para pintar. Estudié en un colegio laico, donde teníamos la opción de tomar reli- gión, pero en primero medio llegué a un colegio católico y ese cam- bio fue trascendental, porque fue un lugar donde hice mis grandes amigas y donde descubrí un vínculo con un Dios que estaba en las personas y eso me encantó. Conmis amigas íbamos a campamentos de verano, a jornadas pas- torales, hacíamos peregrinaciones. Cuando uno es adolescente da la vida por lo que sea y para mí esto era mi vida, mi motor. Era una vida muy potente. Entré a la universidad el 2010 a estudiar Educación Física —yo era seleccionada nacional de atletismo—, sin dejar de lado mi participa- ción en la juventud de la iglesia. Se me presentó la oportunidad de irme a misionar a Medellín por un año. Fue allá donde me propuse solucionar este revuelo interno que tenía sobre mi verdadera voca- ción. No puede ser quemi vida sea solo ir a la universidad, pensaba. Y casarme y tener hijos. Si mi vida va a ser algo más, quiero vivir esa vida que Dios quiere también para mí. Es como cuando te enamo- ras y no puedes dejar de pensar en ese chico que te mueve todo. Es así. En eseminuto sentía que Jesús movíamuchas cosas enmi vida y que las sigue moviendo. El viaje a Colombia ratificó lo que hace tiempo venía sintiendo: con- sagrar mi vida a Jesús. Mi decisión fue tomada con mucha concien- cia y libertad. Yo tenía una guía espiritual a la que le contaba todo. Era muy receptiva y me hacía sentir muy cómoda. Cuando le co- menté que quería entrar a la comunidad, de inmediato me puso en contacto con la madre superiora y con ella coordinamos una fecha para empezar con el proceso de postulación. El 10 de febrero aterri- cé en Chile y el 13 tuvemi primera entrevista. Así de decidida llegué. La primera entrevista fue en Santiago. Me tomé un bus y no le dije a nadie, ni siquiera a mis papás. Me acuerdo de una hermana que me preguntó si ellos sabían, y cuando le dije que no, que esto erami decisión, me dijo olvídalo, esto no es tuyo, también es de tu familia. Así que vas a llamar altiro a tu mamá, te vas a ir a juntar con ella y le vas a contar. Mi mamá me preguntó muchas veces si estaba segura del paso que iba a dar. Yo te voy a apoyar en todo si esto es lo que quieres,

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