TELL CONCEPCION JULIO 2019

lo que hacemos, como las personas que recibi- mos y creo que hacerlo deriva en muchas cosas insospechadas. Por ejemplo, nos atrevimos a ver qué pasaba si trabajábamos con migrantes, ge- nerando cursos exclusivos para ellos y, además de adjudicarnos un fondo público inédito para eso; hoy día lideramos la única mesa público- privada que hay en la región de trabajo migrante, con gente de empresas, de organizaciones civi- les y de la misma comunidad de migrantes. ¿Y esa apertura implica también otros actores? Sí, claro. También tenemos buenas relaciones con universidades. Hay empresas que quieren poner en valor lo que son y lo que hacen y hoy trabajamos con algunas que nos ayudan con nuestra labor y ellos también se benefician. Por ejemplo, hay algunas del rubro pesquero que nos ayudan económicamente a capacitar a las personas y a su vez hemos ofrecido cursos de cocina regional con énfasis en productos del mar, para que ellos puedan poner en valor sus productos. Nosotros estamos abiertos a encon- trarnos con distintos actores con los que poda- mos establecer este tipo de relación, donde nos podamos colaborar mutuamente. ACORTAR BRECHAS La apertura de la que habla Simón tiene un ob- jetivo claro: que el mundo laboral sea más inclu- sivo. “La idea del desarrollo tradicional ha sido en base a ir seleccionando a los más talentosos con parámetros relacionados principalmente con la productividad. Creo que la nueva econo- mía, donde todo es más específico y tecnológi- co, va a dejar a un grupo gigante de gente atrás. Nosotros vemos la inclusión no como una cuota donde se cumple con tener el uno por ciento de personas con discapacidad en una empresa, por ejemplo, sino como una cultura de trabajo en que sea un valor el que exista más diversi- Hoy más que un valor, en las organizaciones la apertura es una obligación”. T dad. Es complicado porque eso implica pensar en otros indicadores de rentabilidad, pero creo que estamos más abiertos. Ya las empresas no están enfocándose en solo ganar plata”. ¿Qué hace falta en la sociedad para acortar de- finitivamente esas brechas? Ponerle freno a la ambición. Me da la sensación de que en otra época existía una vorágine por el desarrollo, el crecimiento. Chile, en los noventa, salió rápido de la pobreza en los números, pero dejando atrás a un grupo importante de la so- ciedad. El llamado es a ponernos en un espacio menos competitivo, más amoroso. Hoy hay mucha gente que va por primera vez a la universidad, que tiene por primera vez un negocio, pero a veces eso fomenta valores como la competitividad, el decir: “a mí nadie me dio nada”, “esto lo hice solo”, y creen que si el vecino sigue pobre es porque es flojo o borracho. Hoy estamos en un escenario de mucha más incertidumbre, en que incluso el trabajo está cambiando, lo que nos invita a gene- rar otro tipo de conversaciones. La invitación es a encontrarse con personas distintas, mirar menos los opuestos, dejar de ver el mundo en blanco y negro, el oprimido y el opresor, el pobre y el rico. Es difícil, porque establecer esa dualidad nos da se- guridad, por eso los niños siempre quieren saber en un cuento quién es el bueno y quién es el malo, pero en el mundo real no sirve. ¿Qué sueñas para Concepción? Pienso que eventos como la APEC, el Rally, la Copa América, y el REC son grandes instancias en las que Concepción ha estado más abierto o con más vocación para abrirse como ciudad, pero pienso que nos falta abrirnos más entre nosotros. No basta con decir que somos una marca, o con salir al mundo con un producto. Seguimos mirándonos con desconfianza. Creo que ahí hay una oportunidad de crecer como ciudad y solo falta aprovecharla. 39 tell. cl

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