TELL CONCEPCION ENERO 2020

21 tell. cl Las nuevas tecnologías llegaron como una ola y la sociedad se divide entre quienes dan manotazos en el agua y quienes pueden surfearla. En este último grupo se ubica Ximena Sepúlveda, una abogada recientemente reconocida por su aporte en ciberseguridad, que unió su gusto por este tipo de avances con su pasión por la protección de datos e ideas. Por Monserrat Quezada L. / Fotografías Sonja San Martín D. Ximena Sepúlveda abogada Ciberabogada C uando Ximena llega a su casa por la noche, sin importar lo largo y cansador que haya sido el día, se siente plena cuando puede cocinar con una copa de vino, escuchando la música que le gusta. Y vaya que tiene días agitados. Esta abogada de la Universidad de Concepción no solo es docente y jefa de la Unidad de Propiedad Intelectual de esa casa de estudios, sino que además es socia de su propia oficina, Schubert y Sepúlveda, y de su recientemente creada empresa Ciberlaw, equipo multidisciplinario que se dedica a asesorar a las empresas en protección de riesgos informáticos. Además, cocina, viaja, lee, ve mucho cine y practica deportes. Vamos por parte, ¿por qué decidiste estudiar Derecho? Porque cuando pensaba en una carrera que debería ejercer para el resto de mi vida, solo Derecho me llenaba el gusto. En paralelo, cuando era más chica —sobre todo mis padres— me repetían hasta el cansancio que “debería ser abogada por lo buena para alegar (ríe)”. Después de egresar, Ximena se dedicó unos meses al ejercicio libre de su profesión y luego postuló para trabajar como fiscal. “Fui muy ilusa, porque llevaba muy poco tiempo titulada y pensaba que lo iba a lograr. De todas maneras, quedé en una terna y finalmente me nombraron asistente fiscal en Concepción, en donde estuve nueve exactos meses, para luego ser nombrada fiscal de Talcahuano en donde estuve cerca de cinco años”. Con posterioridad, la contactó quien en ese tiempo era el director de investigación de la Universidad de Concepción, Jaime Baeza, quien le señaló que tenía como meta incrementar el número de patentes de invención en la UdeC, a través de la Unidad de Propiedad Intelectual (UPI). “Yo no sabía nada de la materia, y se lo dije, comprometiéndome a hacer mi mejor esfuerzo, ‘me gusta estudiar y tengo una inagotable capacidad de trabajo’, le dije, y él aceptó. El sueldo era la mitad de lo que me pagaban en la fiscalía, pero me daba la libertad de trabajar en el ejercicio libre, que era a lo que yo aspiraba, así que acepté, y ya llevo doce años liderando a ese gran equipo de mujeres que componen la UPI”.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0